Lisboa, el mayor descubrimiento de los descubridores


Qué mejor lugar que el que brilla como si tuviera luz propia, donde parece que el sol nunca se va a ir y cuando se va, va dejando caer su rastros en las orillas del tajo, ahí donde se funde en la inmensidad del atlántico… Esa es Lisboa, ciudad histórica de comerciantes, navegantes y descubridores.
Todos la querían, los íberos, los celtas, los griegos, los fenicios, los romanos, los árabes, los españoles… ahora la quieren todos.


Viajar a la capital lusa siempre es un buen plan, ofrece tanto, que siempre sorprende a los que la visitan. Es increíble como han fusionado lo antiguo y lo decadente con lo moderno y futurista. Aunque el mejor regalo que te da son sus atardeceres. Entendemos la denominación Lisboa (Luz Buena) una vez que estamos allí y apreciamos la calidad lumínica que nos invade e ilumina y vale brindar por ello, nunca algo tan sencillo había dado tanta esencia a un lugar.


Lisboa se caracteriza por ser una de las ciudades más vibrantes y acogedoras de Europa Occidental. Sus colinas deslumbran por la gran cantidad de colores que pintan las fachadas de las casas, así como también por sus castillos y construcciones medievales.


Las mejores zonas dónde uno puede alojarse en Lisboa son las más céntricas y bien comunicadas como Baixa, Chiado, el Barrio Alto o la Avenida da Liberdade. Lo tendrás todo a mano y podrás ahorrar en transporte público ya que si no le pones muchos problemas a las subidas y a las bajadas, puedes llegar a pie a muchos lugares de interés de Lisboa.


Y si hablamos de barrios con movida, ese es el caso del Bairro Alto, famoso por sus cuestas interminables, miradores, sus calles estrechas y cómo no, su gran vida nocturna, ya que es el lugar favorito de los jóvenes lisboetas para salir y disfrutar de la noche en la capital portuguesa. Sus calles están repletas de bares y garitos con una gran variedad de ambientes en el cual predomina el bohemio y es una zona que no tiene desperdicio alguno.


Otras de las zonas más emblemáticas de Lisboa son la Avenida da Liberdade, repleta de tiendas de lujo, hoteles y teatros o la Rua dos Remedios que sin duda es de las calles más bonitas de la ciudad, con casas coloridas y muchas terrazas donde disfrutar del ambiente.


Desde mi punto de vista, lo más imprescindible de la capital portuguesa es el barrio de Belém, recuerdo permanente de aquella Edad de Oro donde las naves portuguesas partían en busca de nuevos descubrimientos. Es una visita obligada si estás en Lisboa, ya que se encuentran algunos de los museos más interesantes, como el Museo de la Electricidad o el Museo Nacional de Carruajes, y algunos monumentos Patrimonio de la Humanidad, como el impresionante Monasterio de los Jerónimos, construido por Manuel I en el siglo XVI honor a los viajes a la India de Vasco de Gama, o la emblemática Torre de Belém, el símbolo más reconocible de la ciudad.

Otro monumento imperdible del barrio lisboeta es el Monumento a los Descubrimientos, gran emblema de la ciudad por todo lo que significaron los navegantes para el país, de hecho las vistas desde el monumento son preciosas ya que podemos admirar de frente el Cristo Redentor de Lisboa a la otra orilla del tajo, una escultura enorme parecida a la de Río de Janeiro a baja escala, que abraza la ciudad entera. Otra construcción que no pasa
desapercibida es el Puente 25 de abril, por un momento parece que estamos en la ciudad californiana de San Francisco admirando el Golden Gate por la gran semejanza que tienen entre ambos.


Y para acabar en Belém, no podemos irnos de allí sin degustar los maravillosos Pasteis de Belém únicos en el mundo!

Si te apasiona viajar y eres un descubridor o descubridora, estás tardando en descubrirla. 

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